La ciudad está tranquila


La ville est tranquille
La ciudad está tranquila es la película que recibió la Espiga de Oro en el último Festival de Valladolid. Robert Guédiguian, que ya se ganó al público y a la crítica por su anterior cine "social", vuelve a poner sobre la mesa la imparable deshumanización que sufre nuestro mundo "globalizado". Guédiguian concibió La ciudad está tranquila al tiempo que ¡Al ataque!. Ambas, como sus ocho largometrajes anteriores, de los cuales sólo dos han llegado a España, están situadas en la misma ciudad, Marsella, y protagonizadas por la misma compañía de actores —entre ellos su mujer Ariane Escaride—. ¡Al ataque! era una comedia obrera acerca de una familia que ve amenanazada la supervivencia del garaje con el que subsisten debido a la llegada de una multinacional; antes había estrenado con éxito la película Marius y Jeanette (1997), acerca de dos personas de mediana edad que viven entre la soledad, sus sueños y la fábrica de cemento a punto de ser demolida en la que Marius trabaja como guardián.

La ciudad está tranquila es una obra cinematográficamente resentida de un guión algo deslavazado, con un excesivo vaivén de personajes y un esquema narrativo muy irregular. Pero el interés del film está en el tema y en su tratamiento. La trama central se refiere a Michele, una mujer obrera cuya hija se precipita por la pendiente de la heroína sin remisión. Michele se entrega a ella en cuerpo y alma, pero terriblemente sola. Su marido, en paro, es un hombre desquiciado con el que ya no se puede contar para nada. La soledad de Michele le conduce por un camino errado —evitar el sufrimiento de su hija proporcionándole la carísima droga— que va a desembocar en la prostitución: la madre se prostituye para que no lo haga la hija. En torno a esta tragedia de sentido desfilan una galería de personajes sumergidos también en un mar de vacío y disolución de lo humano.
Si La ciudad está tranquila fuese sólo esto únicamente produciría desolación y amargura; sería una película inútil. De hecho, muchas escenas son hirientes por su nivel de humillación. Sin embargo, hay un punto de belleza y positividad en la subtrama que inicia y cierra el film: un chaval extranjero, alumno del conservatorio, toca el piano eléctrico en la calle para poder comprarse un piano de cola. Pero también es cierto que, aunque el desenlace de esta minitrama es un canto a la esperanza, parece artificialmente superpuesto al resto de las historias, muy creíbles y realistas. Es un colofón de cierto realismo mágico. J.O.
Director: Robert Guédiguian.
Intérpretes: Ariane Ascaride (Michele), Veronique Balme (Ameline), Pierre Banderet (Claude), Frederique Bonnal (Mujer de "Preferencia nacional"), Jacques Boudet (Padre de Paul).
País: Francia.
Año: 2000.
Producción: Gilles Sandoz, Michel Saint-Jean y Robert Guédiguian para Agat Films y CIE.
Presentada por: Diaphana Films.
Guión: Robert Guédiguian y Jean Louis Milesi.
Fotografía: Michel Vandestien.
Dirección artística: Michel Vandestien. 
Montaje: Valerie Meffre.
Estreno en Madrid: 25-V-01.
Distribuidora cine: Golem.
  Duración: 132 minutos.
Género: Drama.
Premios principales: Espiga de Oro y Premio a la mejor actriz (Ariane Ascaride) en la Seminci de Valladolid 2000.
Público adecuado: Adultos.
Contenidos especiales: V X+ D.